Marcos SolmeskyPor Prof. Dr. Marcos Solmesky

Ciudadano Ilustre de Villa Carlos Paz

 

Transcurridos los festejos y celebraciones del Día del Niño, con su clima de regocijo y satisfacción, recordaremos a algunos niños universales, paradigmas, modelos. Algunos de ellos héroes, otros mártires. No recibieron ni juguetes, ni caramelos, ni comederos.

Elegidos aleatoriamente, al azar. Algunos reales, otros de ficción literaria. Hay muchos más, pero nos sirven para pensar que no todos los niños del mundo viven en la bonanza lúdica. Peor aún, algunos son arrastrados por las aguas del Mediterráneo cuando buscan tierras de paz.

 

Joseph Bara, el niño mártir de la Revolución Francesa

Joseph BaraJoseph Bara es el nombre de un niño célebre por su lealtad y heroísmo, mártir en los días tremendos y gloriosos de la Revolución Francesa. Revolución que representó un cambio fundamental en el proceso de la Historia Universal.

Joseph había nacido en Palaiseau (Seine-et-Oise), en 1779, diez años antes de la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789).

A los 14 años, en 1793, había acompañado al ejército revolucionario republicano, que se conformó tras el aniquilamiento de la monarquía absoluta y que tuvo como final la ejecución por la guillotina de Luis XVI y María Antonieta.

Fue entonces, ese fatídico 1793, que detenido en una emboscada realista, se le exigió que gritara “Viva el Rey”. El niño respondió: “Viva la República”.

Inmediatamente fue muerto a golpes y horadado por armas punzantes y espadas.

La Convención Nacional que proclamó la República, decretó que el busto del glorioso niño fuera ubicado en el Panteón.

Además, que su grabado representando su abnegación patriótica sea enviado a todas las escuelas primarias de Francia.

El Panteón francés es un monumento de París, ubicado en la cima de la antigua colina de Santa Genoveva, patrona de la ciudad, donde se conservan las cenizas de los hombres y mujeres célebres de Francia.

 

Pedrito Ríos, el Tambor de Tacuarí

El tambor de TacuaríManuel Belgrano, vocal de la Junta de Mayo, fue elegido por el gobierno patrio para ponerse al frente de una expedición militar que debía dirigirse al Paraguay, para acallar el movimiento de resistencia a Buenos Aires. Paraguay era provincia del Virreinato.

A través de Entre Ríos y Corrientes, cruzó el Paraná frente a Corrientes, con fuerzas escasas y poca o ninguna instrucción militar. Belgrano mismo la calificó como descabellada operación de porteños.

Fue un fracaso militar que concluyó, tras enfrentamientos con los realistas, en un armisticio y abandono de la campaña.

Pero Belgrano con su gente sembró ideas revolucionarias que con el tiempo fructificaron.

En el accionar se incorporaron voluntarios, partícipes de las ideas de emancipación, criollos y sobre todo guaraníes.

En Yaguareté-Cora, hoy Concepción, Corrientes, Belgrano se detuvo unos días, el 26 de noviembre de 1810.

Fue entonces que se presentó Pedrito Ríos, un niño de 12 años, nacido en 1798 en el lugar. Belgrano, reacio a aceptarlo. Pero su padre, Antonio Ríos, maestro rural, le brindó su consentimiento expresándole: “Soy un hombre anciano. Es la única ofrenda que puedo hacer a la patria”.

Ingresado, Pedrito Ríos tuvo dos misiones: servir de lazarillo al mayor Celestino Vidal, invidente, y como tambor y hasta tambor mayor. Circunstancialmente colaboró en la fortificación de carretas del parque de armas y en el hospital de campaña.

Derrotados en Paraguarí el 19 de enero de 1811, retroceden hasta Tacuarí, donde se produce la segunda batalla, el 9 de marzo.

Belgrano con 250 hombres enfrenta a 2000 realistas.

Delante en ambos enfrentamientos, meritorio pero irresponsable, Pedrito Ríos guiaba al mayor Vidal y batía el parche del tambor, marcando el avance de la tropa. Ahora como tambor mayor. Hasta caer muerto de dos disparos en el pecho.

“Hasta los ciegos y los niños se ofrecieron para servir a la patria naciente”, dijeron los historiadores.

Loor al tamborcillo de Tacuarí. Y un reconocido homenaje a Manuel Belgrano, que actuó ejemplarmente, más allá de sus posibilidades y de las circunstancias, tildado como patriotero.

 

El Gavroche de “Los miserables”

gavrocheGavroche es un niño imaginario, un personaje de ficción de “Los miserables”, la novela cumbre de Víctor Hugo.

Es el pillete, el niño travieso, burlón, callejero, pero pleno de bravura y generosidad. “Le gamin de París”. Su nombre pasó en su época y en años posteriores al lenguaje popular y se decía corrientemente “un Gavroche” para referirse a los niños de tales características.

Víctor Hugo (1802-1885), fue uno de los poetas y novelistas de primer rango de Francia y el mundo.

Sus obras más recordadas son “Nuestra Señora de París”, comúnmente llamada también “El jorobado de Notre Dame”, y “Los miserables”.

En esta última aparece un admirable personaje: Jean Valjean. Ladrón por hambre, va a la cárcel.

Al cumplir la condena sale, se ampara en la casa de un obispo, roba candelabros y cubiertos de plata. Le sorprende la policía y llevado hasta el obispo, éste le perdona, le aconseja, y se hace un hombre de bien, ocupando cargos de importancia. Pero otro personaje, Javert, jefe de policía, cree reconocerle y le persigue insistentemente.

Detrás de ellos transcurren infinidad de acontecimientos y otros personajes.

Así es como en un capítulo se sumergen diversos protagonistas, incluido Gavroche, en las barricadas de París. En la complejidad de la trama argumental participan en la revolución de febrero de 1848, que concluye con la monarquía del Duque de Orleans, Luis Felipe I y el pueblo establece la República.

Es en esas barricadas en que juega su máximo papel Gavroche y se convierte en héroe niño de la revolución de París del 48, cumpliendo parte de las tareas beligerantes, como auxiliar.

Esta obra de Víctor Hugo fue llevada al cine en varias oportunidades. Harry Baur fue Jean Valjean en la versión francesa de 1933. Fredric March, en la versión hollywoodense de 1935.

En cuanto al duque de Orleans, figuró entre los candidateables para establecer la monarquía en las Provincias Unidas del Río de la Plata. El comisionado enviado para mediar, no prosperó. El duque prefirió la corona francesa.

 

Los niños de “Corazón”

corazon“Corazón” es un libro que dio a conocer en el mundo entero a su autor: Edmundo d’Amicis (1846-1908).

Sirvió de texto escolar en su patria, Italia, y muchos países. Incluso el nuestro.

Entre nosotros, niños y adultos lo leían con afecto y emoción.

Es una colección de relatos breves, de niños, con sus vivencias, privaciones, heroísmo, sufrimientos.

El telón de fondo era el clima de una Italia que luchaba por su reunificación, en tanto el norte sufría la impronta de la supremacía de Austria y los resabios de la ocupación y división napoleónica.

Mazzini, Víctor Manuel, Garibaldi, luchadores por la reunificación, eran figuras protagónicas para los italianos.

Inolvidables dos relatos: “El pequeño vigía lombardo” (patriótico) y “De los Apeninos a los Andes” (el niño en búsqueda de su madre). Este último es como un viaje virtual de los Apeninos (como Andes italianos) a los Andes (como Apeninos argentinos).

d’Amicis era militar, egresado de la Academia Militar de Módena, con estudios superiores.

Participó en la batalla de Custoza, de la guerra austro-prusiana, en que Italia fue derrotada por los austríacos.

Retirado, fue director de periódicos, novelista, cuentista, poeta. Autor clásico muy traducido.

Recorrió Europa, Turquía, Marruecos, y Argentina, de la que expresó conceptos que nos honran.

Es uno de los escritores clásicos injustamente semi-olvidados.

Pero sus niños, ejemplos de vida, hasta hoy nos emocionan con el recuerdo de “Corazón”. Libro tildado como patriotero por los aristo-literatos. Pero valiente, porque no descontextualiza al niño de la realidad social, económica y política del país en que vive, en este caso, su patria.

Esa realidad es el caldo de cultivo en que se forja su futuro.

Temática compleja, opinable, discutible. En el centro, el niño. El más débil de los seres de la especie humana.

 

Nota correspondiente a la edición n° 383 del semanario La Jornada, del 06 de setiembre de 2015.

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