Por Evelina Ramírez

Franco Amaya está presente.

La historia del joven asesinado por la policía en un control vehicular el 22 de febrero de 2017, en Villa Carlos Paz, sigue circulando en diferentes espacios. Resuena en las marchas, donde su nombre es gritado junto al de cientxs de jóvenes asesinadxs por la policía. En los medios de comunicación que dan cuenta de la participación de su familia en diferentes actividades para seguir reclamando justicia. En su familia, que por su supuesto lo sigue recordando con mucha ternura.

Franco tenía 18 años y estaba a punto de recibirse de peluquero. En aquella fatídica madrugada, se conducía en moto junto a su primo Agustín. Iba a su casa a cambiarse una camisa para ir al recital de Ulises Bueno. Cuando se dirigía por calle Los Gigantes, recibió un disparo a quemarropa efectuado por el policía Rodrigo Maximiliano Velardo Bustos, condenado a 12 años de prisión. Su compañero y responsable del control, el agente José Ezequiel Villagra, fue absuelto.

Su historia está presente en diversos ámbitos porque es su madre, Laura Cortez, la que pone su corazón en cada actividad donde se la convoca para hablar de Franco. El amor es lo que la moviliza. El amor por contar quien fue su hijo. El amor por trabajar para que un crimen tan horrendo del que su hijo fue víctima, no se repita.

Esta vez, el espacio donde se habló de Franco Amaya fue en una escuela: el IPEM 348 Gabriel García Márquez de San Antonio de Arredondo. En el marco de la materia Antropología dictada por la profesora Paula Gaitán, lxs estudiantes conocieron de primera mano la historia de vida de Franco. 

Era la primera vez que Laura participaba de un encuentro así, y no fue fácil. Hablarles a jóvenes que tienen casi la misma edad que Franco, es duro. Volver al colegio donde Franco cursó algunos meses, conmueve.

Laura les habló desde el corazón y como madre. Les contó detalles de la vida de Franco, les dijo que no deben tener miedo, habló de los otros casos de gatillo fácil, de lxs jóvenes que están desaparecidos como Facundo Rivera Alegre. Lxs chicxs fueron haciendo todas las consultas que consideraron necesarias.

Tras el encuentro, lxs jóvenes elaboraron carteles y prepararon escritos. Sus producciones dan cuenta del nivel de conciencia y sensibilidad que tienen sobre la problemática de la violencia policial. Conciencia y sensibilidad que esperamos –más temprano que tarde-, que alguna vez alcance a la mayoría de la sociedad.

“Es triste que por tener aspectos diferentes nos consideren ‘raros’ o ‘chorros’, que nos vean despectivamente. Vivimos en una sociedad capitalista, nuestras apariencias van a influir en la clasificación de clases (alta, media, baja). Los que tienen el poder de cuidarnos –o sea, la policía- son los que nos matan por tener diferentes formas de vestir. Mi opinión es que esto pare y se haga justicia por cada pibe que murió por gatillo fácil y que se puedan cambiar ya los pensamientos racistas ya que todos somos iguales”, expresó una estudiante.

“Al escuchar el caso de Franco Amaya me sorprende que los policías, que se supone están para protegernos, estén alcoholizados (…). Últimamente pienso que la policía es más un fastidio para la sociedad ya que cuando se los necesita, ellos nunca están. Pero cuando uno nos los necesita están ahí, molestando porque el vecino se queja de la música o cualquier otra cosa insignificante”, se lee en otro escrito.

Repasar lo plasmado por lxs jóvenes permite ver que la mayoría se siente vulnerable. Se reconocen como parte de esa juventud estigmatizada, hostigada y amedrentada por su forma de vestir, su color de piel o sus gustos culturales. En decir, se sienten en riesgo.

“Me resulta enfermizo que haya gente que defienda a los policías asesinos. Me da miedo pensar que son los mismos asesinos los que supuestamente nos defienden y nos cuidan. Pensar que la próxima víctima de gatillo fácil puedo ser yo, un amigo o algún familiar me embola y me aterra”.

“Creo que como sociedad deberíamos informarnos más sobre el gatillo fácil ya que es una política de seguridad que nos afecta a todos. Le puede tocar a cualquiera. Me parece que es un problema grave ya que pone en riesgo no solamente a un pibe que toma una cerveza en la esquina, sino a cualquiera que salga de su casa”.

“Desde chico me interesó el tema. Siempre escuché cuando se hablaba de gatillo fácil. Es un tema que la gente no sólo le da muy poca importancia, sino que muchas veces están de acuerdo. Me genera impotencia que las personas alientes a arrestar y matar a alguien sólo por su forma de ser, por su personalidad o por simplemente ser ‘diferente’. A veces, cuando voy por la calle tengo que aguantar que mis amigos o conocidos se asusten o hagan comentarios cuando cruzamos a una persona que para ellos es diferente o ‘sospechosa’”.

 “Los efectivos de la fuerza tienen que dejar de matar pibes por pensar que iban armados, que habían robado, porque iban con una capucha o porque iban en una moto entre muchas cosas más. Hay que pedir justicia y hacer algo para que dejen de matarnos”.

Uno de los testimonios relata directamente situaciones de hostigamiento vividas por su hermano. “Lo detienen sólo por llevar gorra, ser ‘negro’, por la ropa o simplemente por el auto o moto que maneja”, detalla.

La respuesta a la persecución y el hostigamiento nunca puede ser el miedo, sino la solidaridad y la organización. Solo muere lo que se olvida. Y a Franco no lo olvidaremos.

Y en su nombre seguiremos buscando construir ese verdadero sentido de justicia. Aquel que busca generar las condiciones para que los asesinatos cometidos por el Estado no se repitan. Nunca Más. Esa tarea nos involucra a todxs.

13° Marcha de la Gorra: “Tu Estado no da miedo, en mi barrio no me encierro”

El 28 de noviembre se llevó adelante en Córdoba la 13° Marcha de la Gorra que tuvo como consigna “Tu Estado no da miedo, en mi barrio no me encierro”.

La familia de Franco Amaya estuvo participando de la movilización alzando la voz para seguir reclamando justicia. Esta vez, la manifestación partió desde el Centro Cívico para terminar en el edificio de Tribunal Superior de Justicia de Córdoba. 

“Somos la bronca organizada y el miedo transformado en luchas (…) Estamos acá para que vean, para que sepan, que ya no nos dan miedo sus formas de gobernar. Porque sabemos que en las diversas luchas organizadas el miedo se ha podido transformar en fuego, en rebelión, en reivindicaciones y libertades. (Fragmento del documento de la 13° Marcha de la Gorra).

Nota correspondiente a la edición n° 548 del periódico La Jornada, del 25 de diciembre de 2019.

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