Ya había saltado a la cancha con la camiseta azulgrana un 16 de noviembre de 2003, precisamente 11 meses antes. Lionel Messi debutaba en la primera división del club catalán en un amistoso jugado ante Porto de Portugal, con sólo 16 años y casi cuatro meses.

Sin embargo, “La Pulga” debió esperar casi un año para representar a Barcelona de manera oficial. Fue curiosamente un 16 pero de octubre de 2004 en un clásico catalán ante Españyol, que terminó con la victoria de los culé por 1 a 0 con gol anotado por el brasileño nacionalizado portugués, Deco. En ese equipo el líder futbolístico era Ronaldinho, su padrino a la hora de introducirlo en el mundo del profesionalismo y la alta competencia.

Messi y el universo del fútbol no presumieron en ese momento de la aparición de quien se iba a convertir en un verdadero líder, un hombre que desde ese instante trazó un límite en la historia para establecer la propia, que todavía está escribiendo.

Lo sigue haciendo en letras de molde, doradas, manteniendo una vigencia asombrosa, un poco, también, como el mismo lo reconoció, por el parangón motivador de la presencia de Cristiano Ronaldo, el otro jugador asombroso que ha alumbrado este siglo.

La pauta de la sostenida actualidad de Messi tiene el ejemplo de lo que ocurrió hoy, en el marco de la entrega del Botín de Oro, el premio que recibe el jugador que más goles oficiales ha convertido en una temporada en las ligas de Europa.

Allí, nuevamente, su hijo Mateo volvió a hacer de las suyas.

El rosarino encabezó la lista con 36 goles; lo sigue nada menos que Kylian Mbappé con 33.

Es la sexta vez que el rosarino recibió dicho premio. De un total de 15 temporadas, el 40 por ciento de su trayectoria fue galardonada por ser el más anotador de Europa. Un reconocimiento dentro de una montaña de récords y logros que siguen provocando asombro.

Cba24n

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